A Los Veinte Años de Edad, Ella Le Pidió a Dios Llevarla, Y Él Le Concedió Su Petición

—Mi enfermedad es un regalo del Cielo. Es mejor sufrir las misericordias de Dios aquí que ir al infierno...— 

En la cruz de su tumba vemos una foto. Se ve una joven con una cara bella, marcada por el sello de enfermedad severa. 

He visto tantas caras jóvenes en lápidas. Todas estas fotos se sacaron cuando las almas de estos jóvenes estaban regocijándo y felices en cuerpos de buena salud, fuertes y vigorosos. En aquel tiempo no pensaban en su muerte, suponiendo que tenían años largos y felices de vida para venir. Pero el destino tenía otros planes.  

La foto de la heroína de la historia de hoy es diferente. Ella se lleva la schema monástica y en el momento en el cual se sacó la foto, ella no solo estaba a punto de morir, sino lo estaba esperando. Veinte años de vida, ¿no es esto poco? Depende de lo que usas para evaluarlo. Después de todo, la madurez de una persona no depende de cuántos latidos ha hecho su corazón antes de que deja de latir, sino en la calidad a la cual su alma ha venido durante el periodo de su vida. 

Desafortunadamente, edad avanzada no siempre es igual a sabiduría. A veces un joven puede ser mucho más maduro que el más viejo con sus arrugas y pelo gris. Ha sido mi observación durante mucho tiempo que la madurez de un alma se vincula de una manera u otra con sufrimiento. Niños de los años de guerra son muy diferentes que sus iguales que vivían durante años de paz. En apariencia, se ven iguales, pero puedes ver por sus ojos que hay una diferencia de decenas de años entre ellos. 

Olga Sarsyanova entró en la Universidad de Magnitogorsk y, como muchos de sus iguales de su edad, no pensaba de Dios. Impresiones nuevas de sus estudios, conocidos y pasatiempos. Su vida se estaba corriendo y dio esperanzas para un futuro brillante. Esta esperanza se desvaneció después de que Olga fue diagnosticada con un tipo inoperable de cáncer. ¿Quién sabe lo que estaba pasando en el alma de la joven cuando se le dijeron prepararse para morir? 

¿Pero qué es la muerte? Superficialmente todos nosotros la conocemos por la manera en la cual se mueren todos nuestros parientes queridos. La frase, —O, él se murió recientemente,— dicho de alguien a quien conocemos, no provoca emociones fuertes en nosotros. Muerto es muerto, todos se mueren. Pero, esto es verdad hasta que la palabra —todos— incluye a nosotros mismos. Tan pronto como la oficina de muerte nos envia una citación avisándonos que la muerte viene por nosotros personalmente y llegará pronto sin una fecha específica, el mundo alrededor de nosotros se pone boca abajo. La preguntas eternas del significado de la vida, antes abstractas y distantes, se vuelven concretas y a un paso.

Aun los quienes han tenido respuestas decididas a todas estas preguntas por mucho tiempo muy rara vez notan sus muertes inminentes sin estremecimiento y miedo. ¿Y qué puedes decir de una niña quien acaba de cumplir diez y nueve años? 

Sin embargo, Olga fue con su madre a uno de los monasterios. La vida en ella se estaba derritiendo ante sus ojos y era obvio a todos que Olga tenía muy poco tiempo que le quedaba. Pero quieres vivir, especialmente si estás parado al principio del sendero de la vida. Su niñez había pasado, y su juventud acababa de empezar. Es una cosa cuando una persona se está muriendo, después de haber vivido muchos años, y es otra cosa cuando una persona quien acaba de empezar el viaje de su vida se está muriendo.  

Doctores le dijeron a Olga que no tenía más que una mes de vida. Un tumor cerebral ya había apretado para fuera su ojo izquierdo y había salido por su frente. ¡Pero con Dios todo es posible! La niña empezó a orar que Dios hiciera un milagro. Que Él la curaría de su enfermedad y le devolvería la alegría de la vida. ¿Qué costo se podría pagar por este milagro? Cualquier costo, por supuesto. ¿Qué se podría dar por una vida? Probablemente un precio igual a esta vida. Y Olga Le prometió a Dios que ella se volvería una monja y pasaría su vida en oración en un monasterio.  

Después de esto, cosas empezaron a pasar que ninguno de sus doctores podía creer. El tumor empezó a reducirse. Aun su ojo, que había sido cerrado por daños de metástasis, empezó a sanarse. La niña se sentía mejor cada día. Mientras pasaba el tiempo, se volvió convencida que la enfermedad le había salido completamente. Y con la enfermedad, el miedo del futuro también se fue. Amigas de la universidad empezaron a venir al monasterio para visitar a Olga. Hablaban mucho, de clases, impresiones nuevas de la vida distante fuera de los muros del monasterio. 

En la primavera, todo cobra vida. Pájaros comienzan a cantar a toda voz, los prados se visten con pastos de campo, árboles están cubiertos con flores fragrantes. Juntos con los trinos de pájaros y los zumbidos de las abejas de primavera en su mente, los pensamientos de Olga empezaron a zumbar. Allí, detrás de la cerca del monasterio, está una vida feliz. Niñas están saliendo para citas, riéndose con amigas en cafés, probando ropas nuevas de colores brillantes, regocijándose y divertiéndose...¿y qué está aquí? Ropa negra, comida sencilla, trabajo, obediencia, trabajo otra vez, oración en una celda, un descanso corto, y todo de nuevo...Un año pasa, entonces dos, tres, diez...¿Por cuánto más tiempo? ¿Toda una vida en prisión? No, yo no quiero eso. Quiero un lugar donde se oye la música, los carros pasan, la gente va de compras. ¿Para qué necesito este monasterio? Tal vez necesito tener hijos, nietos. Tengo que salir de aquí...

La enfermedad volvió de repente y con aun más fuerza. Un milagro, como resulta, a veces puede tener una fecha de caducidad. Así que había agotado todos sus recursos. Olga no Le pedía a Dios curarla nada más. Ella seguía viviendo tranquilamente y con humildad en el monasterio. Usualmente personas quienes sufren dolor terrible no se pueden contener. Con frecuencia estallan en llantos y no tienen las fuerzas para llevar sus cruces. Olga llevaba su cruz como una monja debe, tranquilamente y con paciencia. Ella fue tonsurada con el nombre Evdokiya. En aquel momento todavía podía caminar sin ayuda, así que el rito se hizo en el templo. Cuando su salud empezó a deteriorarse bruscamente, Matushka Evdokia tomó el velo y el nombre Anna. Tenía veinte años entonces. 

Dolores de cabeza terribles no se aliviaron ni aun con sueros de analgésicos potentes. Pero junto con el dolor vino algo nuevo a Madre Anna que no se puede describir con palabras. 

—Qué feliz estoy que Dios me envió esta enfermedad,— dijo una vez a su madre, —Yo podría haber vivido toda mi vida sin conocer a Dios, Comunión, y la vida eterna.— 

Poco antes de su muerte, cuando mucha gente entró en la celda de la mujer moribunda, se sentía un silencio espiritual especial cerca de su cama. Como si allí, cerca de ella, estaba la frontera entre el Cielo y la Tierra, y de allí empezó el misterio de la Vida Eterna.  

El 21 de abril de 2006, durante la observancia de Viernes Santo de la Semana Santa, el tiempo cuando el Salvador estaba derramando Su sangre para cada uno de nosotros, el alma de Matushka Anna salió de su cuerpo torturada. Ella había vivido aproximadamente un año después de haber entrado en el monasterio. Fue enterrada al principio de la semana de Pascha al grito alegre de —¡Cristo Se ha resucitado!— 

A los veinte años, Matushka logró todo: conseguir fe, tomar de la copa de sufrimiento, y salvar su alma. Unos de los monjes de la Montaña Santa hablaron de ver el alma de schema Anna, quien ascendió al Cielo, pasar por encima de los lugares de recaudación de peajes, y reposar en la dicha eterna del Reino Celestial. Desde su foto en la cruz de su lápida, Matushka mira para fuera como si estuviera mirando por el mundo con una sonrisa ligera. Un par de semanas antes de su muerte, ella le dijo a su madre: —Si alguien me dijera: —Pasa tu enfermedad a otra persona,— nunca lo haría. Mi enfermedad es un regalo del Cielo. Es mejor sufrir las misericordias de Dios aquí que ir al infierno. Ahora puedo decir con firmeza que estoy feliz: Dios y Nuestra Señora me aman tanto. Y la muerte...la miro con humildad. Y si place a Dios, Él pronto me llevará de esta vida terrenal a la próxima...Todo con Dios es providencial, y yo Le estoy agradecida para siempre.— 

¡Que Dios tenga la alma de Su sierva Anna en Su gloria, y ten piedad de nosotros pecadores por sus oraciones santas! 


Fuente: spzh.ru (Ruso)