Las obediencias de Hermano Dmitry

Visitó el Convento de San Elisabeth hace diez años, y ya sabía entonces que era su hogar. Tres años después, se instaló en una celda monástica y dedicó su vida al servicio de Dios y a la gente. Preguntamos a Hermano Dmitry Akhremkin de sus obediencias en el Convento y por qué él piensa que es el mejor lugar en el mundo para él. 

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Cuando vine al Convento 

Desde el día de mi primera Comunión y cuando me uní a la Iglesia, siempre he sentido la necesidad de estar en la Iglesia. La Iglesia de Santos Pedro y Pablo era mi iglesia favorita. Cuando estaba parado cerca de su puerta de un lado, noté un cartel invitando a candidatos interesados a venir para aprender a pintar íconos. Yo pensaba de eso y decidí intentarlo. Llamé y luego, por la tarde, vine al Convento de San Elisabeth por la primera vez. Esto pasó en 2010. 

Aún recuerdo cómo me sentía caundo pasé por esa puerta. Mi voz interior me dijo entonces: —¡Perteneces aquí! Debes vivir aquí.—  Me era absolutamente claro que acabía de encontrar mi hogar. Duré tres años en completar el curso y durante todo ese tiempo estaba trabajando en el mundo como un arquitecto. Tenía un buen sueldo que era suficiente para todas mis necesidades. Tenía mi propia casa en Minsk y vivía cómodamente allí.  

Pero el convento me prometía algo que nunca podía encontrar en un mundo - crecer en el Señor. Una manera de mirar las cosas de una perspectiva diferente. Un lugar donde puedes cambiar tu vida fundamentalmente sólo por estar allí. Tentaciones parecen muchas y me están bloqueando. Pero, en retrospectiva, es evidente que te han sido enviadas para que pudieras aprender y avanzar. Cualquier cosa que el Señor permite, Él te lo da para tu crecimiento espiritual, o para promover el fomento espiritual de alguien cerca de ti. Sé seguramente que no hay ningún otro lugar en la Tierra como este. 

Después de completar la escuela de pintar íconos, me instalé en una celda monástica. Esto pasó en el día festivo de mi ángel de la guarda, Dmitry de Solun.

Arquitecto 

En el Convento, me dieron una bendición para practicar mi profesión. He trabajado como arquitecto en el taller de diseño arquitectónico desde mi primer día aquí. Su director, Monje Dmitry (Kozyrev), es el arquitecto principal del Convento. También es el líder de su cofradía monástico, en honor a los Mayores de Optina. 

Se siente como si los santos mismos vienen para ayudarnos. Por ejemplo, la Iglesia de San Juan de Shanghai, en su diseño original era diferente que como se ve ahora. Mientras la estábamos construyendo, tuvimos que hacer cambios a la iglesia en el lugar mismo. A veces, los constructores no se habían adherido al diseño o habíamos hecho un error como arquitectos, o algún otro desarrollo inesperado pasó. Todos aprendimos lecciones por nuestros errores y cuando habíamos terminado la construcción, la iglesia se veía aún más magnífica que en su diseño original. Pienso que era un milagro y lo he visto pasar muchas veces.

Visitar hospitales y hogares de cuidado prolongado 

Mi ministerio en los hospitales y los hogares de cuidado ha sido una de mis obediencias principales desde mi primer día como monje. Para mí, esto era providencial porque me estaba llevando más cerca a Dios. 

Mi obediencia en el hogar de cuidado para niños discapacitados empezó de inmediato con mi llegada al Convento. Estábamos introduciendo los niños a la vida en la iglesia y dejándolos asistir la Liturgia Divina. De esta manera, sembramos las semillas de fe en sus corazones. 

Cuando los niños crecen, van a hogares de cuidado para adultos. Siempre queremos seguir en contacto con nuestros niños y ser parte de sus vidas, así que nuestro ministerio ha crecido con el tiempo para incluir múltiples establecimientos para pacientes adultos. Mientras vienen niños nuevos a los hogares de cuidado, proveemos por sus necesidades y los guiamos a la iglesia. 

A veces, puedes oír algo de un niño que entiendes de inmediato que tiene que haber venido del Señor. Yo estaba con un niño quien se llama Sasha. Como la mayoría de los niños, sacudiría unos árboles y probaría unos límites, pero a veces me vendría y diría con toda seriedad: —Debes escuchar a lo que dicen otros.— De inmediato, la verdad de sus palabras se entendió. —Debo escuchar,— pensé a yo mismo. 

Cada niño necesita amor y afecto. Para estos niños, cada visita trae alegría y consuelo. Por pasar tiempo con ellos, recibimos curación del Señor - damos amor y recibimos mucho más a cambio. Todos de nosotros lo sentimos extremadamente cuando ya no podíamos venir para ver a los niños por la epidemia Covid. 

Ayudante en la adoración 

La adoración Cristiana llegó a gustarme mucho. Era uno de los regalos de la gracia de Dios, tal vez, que Él había derramado tan generosamente sobre mí.  

Al principio, estaba ayudando en la Iglesia de San Nectarios de Aegina en el hogar de cuidado de niños, y luego me pidieron ayudar en las otras iglesias del Convento. Entré en el altar de una iglesia monástica el día de Pascua. Hoy, paso la mayor parte de mis días allí. 

Al principio, mi obediencia me parecía fácil y la bendición de Dios me llevaba por muchos días. Es lo mismo con cualquier obediencia nueva. Dios te da Su bendición para que puedas aprender. Al principio, podía acostarme tarde y levantarme temprano para oficios religiosos el próximo día. Eventualmente, la gracia se pasa, y es tu turno hacer todo el trabajo duro para seguir con las cosas. Es mucho más difícil ahora que era antes, pero estoy seguiendo para adelante. 

Maestro en la escuela dominical 

Mientras todavía no podemos visitar los hogares de cuidado, Dios me dio otra obediencia - enseñar en la escuela dominical. Mi obediencia en la escuela dominical ha sido una gran experiencia. Desarrolló en mí un sentido de intuición y una capacidad de sentir cómo considerar edad e interés en la enseñanza de un tema particular. Todo aprendizaje tiene un propósito y sé que daré un buen uso al mío en mi vida.  

Enseño principalmente por juego. Digo a la clase que la liturgia es nuestro viaje emocionante al Reino de Dios. Estamos navegando en el mismo barco y debemos hacer nuestra parte del remo. El barco es nuestra Iglesia. Cuando enseñas por imaginería viva, el estudiante retendrá el material por mucho tiempo.  

Objetivos para mi crecimiento espiritual 

Estoy feliz al ser parte de la Cofradía de los Mayores de Optina. El Señor me muestra las posibilidades de cambiar mi vida. Estoy agradecido a Él por mis obediencias y aprendizaje y estoy honrado al vivir con tantas personas execelentes. 

Si me preguntas de mi objetivo principal en el Convento, es la salvación de mi alma. Aunque está en la capital atascada, su paso de vida no es demasiado rápido para mi progreso. Mi vida actual y mis circunstancias facilitan mi salvación y el Señor me da un sentido de dirección. 

Soy un trabajador monástico ahora.  ¿Qué tiene el Señor para mi futuro? ¿Cómo puedo servirLe mejor y en qué manera? Voy a encontrar las respuestas a estas preguntas con el tiempo. El tiempo mostrará cuál camino debo escoger y qué necesitaré. Salvación es un viaje largo y arduo. Pero las Escrituras nos dicen: —Con hombres esto es imposible, pero con Dios, todo es posible.— (Mateo 19: 26).

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