Sobre la dieta de los Padres

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Cuando la gracia de Dios lo puso en mi corazón venir a este lugar bienaventurado de paz y oración era febrero en el año del Señor 1910. Era mi deseo ir al Skete de Kavsokalyvia donde San Akakios, quien se nació en el mismo lugar que mí, había vivido como un asceta y donde dos hermanos biológicos, también de mi lugar de nacimiento, estaban viviendo como hieromonjes. Uno de estos, el padre espiritual Panteleimon, un monje muy venerable y sumamente virtuoso, es tal vez el más mayor de los Athonites quien todavía vive, ahora con más que 103 años. 

Era, en efecto, mi decisión después de mi llegada al Santo Monte ir a vivir como un asceta. Así que partí a pie de Dafni para ir a Kavsokalyvia. Pero mientras pasaba por este monasterio sagrado de San Dionysios, vi el orden de los padres en un día en el cual ocurrió el funeral de un hierodiácono mayor. Yo estaba tan afectado por el ambiente ascético del monasterio y por el medio ambiente que me quedaba, encomiendo la esperanza de mi salvación a nuestro Buen Dios y el Precursor Honorable (a quien se dedicó el monasterio).  

Era el Gran Cuaresma cuando fui recibido en el monasterio y fui designado servir como un ayudante en la casa de huéspedes del monasterio. Al mismo tiempo, los Sketes y ermitas santos estaban llenos de monjes y los monasterios sagrados, porque tenían dependencias, podía compartir generosamente. Así que los sábados por la tarde, ascetas y ermitaños vendrían para asistir la vigilia y para recibir sus limosnas como era prescrito.  

Sentía una atracción natural y una veneración hacia ellos pero por respeto me abstuve de hacer preguntas, aunque sí intentaba escuchar a escondidas cuando estaba a su lado. Querría oír algo de lo que estaban diciendo para que podía aprender algo de su estado espiritual.

Se estaba anocheciendo y estábamos esperando el sonido de la simandra para la vigilia. Ya se había tomado el café tradicional para huéspedes y monjes y yo estaba sentado, descansando en la sala de recepción, esperando el comienzo de la vigilia para el quinto domingo de Cuaresma. 

Me parece que el Buen Señor querría educarme sobre la dieta de los padres ascéticos y también quitarme la queja (de adrentro) que yo tenía acerca de los brotes de nueza negra. Me quejaba de ellos (los brotes) por dos razones: primeramente porque, estando entre los menores de edad, fui enviado dos veces cada semana para recoger las plantas y esto significaba que yo perdía el oficio religioso; y segundo porque no podía esforzarme comer los brotes cuando se los cocinaban porque eran tan amargos. Y así el Señor lo arregló para que dos hermitaños vinieron y se sentaron en el banco de afuera. Uno le preguntó al otro cómo estaba manejando el Cuaresma hasta entonces. —Por tus oraciones y la gracia de Cristo, bien. Vivimos cerca del padre espiritual piadoso Papá Matthaios. Él sirve la liturgia para nosotros y tomamos Comunión los miércoles o los sábados. Los mayores me enviaron aquí para recoger el pan y vino para la Comunión y unas velas y entonces regresaré.— 

—Aparte de eso ¿cómo está tu salud corporal?— preguntó el primer.  

—Gloria a Dios,— respondió el otro. —Este año, Dios nos ha tenido misericordia y el lugar está lleno de nueza negra, hasta el punto de que apenas nos hemos dado cuenta de Cuaresma en absoluto. Cada día hervimos unas plantas con un poco de arroz, aceite los fines de semana, y estamos ricos de comida. Gloria al nombre del Señor.— Cuando oí esto me reprendí a mi mismo y fui curado de la pasión de refunfuñar porque en el monasterio solo las cocinamos una o dos veces cada semana y teníamos aceitunas o higos en la mesa además mientras los en el desierto probablemente no los tenían. 

La nueza negra que comimos era las puntas de la planta. Son trepadoras y les gustan condiciones húmedas. Son amargas al probar y según los botánicos, son diuréticas y limpian la sangre. Crecen en grupos mojados por todo el Santo Monte y sus brotes tiernos empujan por la tierra desde el principio de marzo hasta su fin. Son consideradas una bendición de Dios durante este periodo de ayuno. Para los queines las comen por primera vez, especialmente sin aceite de oliva, como es el caso en el Santo Monte durante un ayuno, de verdad parecen nocivas y venenosas pero por el tiempo, los padres se acostumbraron a ellas y las piensan ambas comestibles y beneficiosas.

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