¡Mascarillas prohibidas en la Iglesia! Forbidden in Church! - Sacerdote ortodoxo explica por qué

Cubrirse la cara es contra nuestras creencias cristianas ortodoxas. En las Escrituras, cubrir su cara siempre significa vergüenza, desconfianza, posición no desfavorable, división y separación. Nuestro Dios Bondadoso nos ha invitado al banquete y si venimos a la Cena del Señor con miedo que Él nos contagie con cualquier tipo de enfermedad, y lo demostramos por llevar una mascarilla, Le insultamos a Él enfrente de todos.  

Hace mucho, los árabes descubrieron que mandar a personas cubrir sus narices y bocas les rompe la voluntad y la individualidad y las despersonaliza. Las hace sumisas. La psicología moderna lo explica: sin una cara, uno no existe como ser independiente. La mascarilla es el comienzo de la eliminación de individualidad. 

Muchos de nuestros pastores espirituales - los obispos, han seguido ciegamente los órdenes inconstitucionales de las autoridades estatales y han cerrado iglesias a los fieles. ¡Vergüenza! No se escaparán la la cólera justificada de Dios... 

Queridos hermanos y hermanas, mis feligreses bienamados en Cristo, 

Estamos viendo eventos sin precedentes en nuestro país y en el mundo. El virus nuevo COVID-19 aterrorizó a millones de personas por todo el mundo. Como respuesta a una crisis de salud, muchos países han introducido varias medidas parar controlar la propagación de COVID-19. Muchas de estas medidas, sin embargo, son tan irracionales y tiránicas que violan ambos la ley de hombres y nuestros derechos inalienables y divinos. 

Unas de estas medidas draconianas restringen libertad de movimiento, libertad de reunión, libertad de asistir y adorar en la iglesia, y libertad de llevar a cabo actividades comerciales, y en muchos países, niños que —muestran síntomas de COVID-19— se están llevados de sus padres a cuarentena sin el permiso de sus padres. En otras palabras - la medicina ahora es más mortal que la enfermedad misma.  

Es obvio que hay mucha gente poderosa en el mundo que está explotando esta crisis para establecer control absoluto y completo de la población humana por destrozar la economía mundial, borrar la historia, y volver a cero todos los aspetos de la vida humana a un —normal nuevo—, que, por supuesto, no beneficiará a la humanidad sino sólo beneficiará su ganancia personal. 

Desafortunadamente, la crisis verdadera de salud se está siendo politizada, especialmente en este país, por la expectativa de las elecciones presidenciales en noviembre. Hemos sido sujetos a un bombardeo incesante con información horrorosa de los índices de mortalidad cada día, 24/7. ¡Parece que la muerte y la mortalidad no existían antes de COVID-19! Nadie está informando sobre los índices de sobreviviencia ni el índice de recuperación que es 99.96%. ¡Esta dedicación a infundir temor por el movimiento socialista militante (MSM) fácilmente podría ser clasificada como terrorismo psicológico! No es sorprendente que toda la nación se está consumida de la histeria COVID. 

Hay muchas declaraciones y recomendaciones contradictorias dadas por varios profesionales de salud que sólo sirven para añadir a la confusión y crear más divisiones. Una de las controversias más grandes es llevar mascarillas en lugares públicos o no. Este asunto causa mucho debate entre profesionales de salud y abogados. Como muchos de ustedes ya saben, el 13 de agosto, ayuntamiento y el alcalde de Omaha (Nebraska) aprobaron una ordenanza de emergencia (una —exigencia de mascarillas—) para todos los lugares públicos, incluyendo muchos lugares de adoración. La ordenanza provee un número de excepciones de llevar una mascarilla como en un bar o en un restaurante, pero se requiere una mascarilla en una iglesia a menos que esten 6 pies de distancia entre personas (excepto a personas de su propia casa). El uso de la ordenanza de —casa— no tiene sentido. Por ejemplo, un hijo adulto que ahora ya no vive con sus padres, aun si llegaron a la iglesia en el mismo carro, tiene que estar a 6 pies de sus padres o llevar una mascarilla.  

No soy científico y no hablaré de pros y contras científicos de este asunto. Dejaré esa conversación para los que saben más que yo. Sin embargo, como sacerdote ortodoxo, y padre espiritual de mi rebaño, y por último como un ciudadano respetuoso de la ley y que ama la libertad, es mi deber proveerles con orientación acerca de este asunto por una perspectiva cristiana ortodoxa.  

A pesar de que la ordenanza de emergencias de Omaha es sin sentido e irracional, según gobernador de Nebraska Pete Rickets y el procurador general de Nebraska, hacer la ordenanza está fuera del alcance de la autoriad de la ciudad de Omaha bajo sus estatuos. Ambas la constitución de los Estados Unidos y la de Nebraska protegen el ejercicio libre de religión. En el centro de todo esto está la libertad de adoración en nuestras iglesias. En mi opinión, bajo ambos la ley de Dios y las constituciones de los Estados Unidos y el estado de Nebraska, cualquier regla por las autoridades civiles - si federales, estatales, o locales, que en cualquier manera regula o limita adoración en nuestras iglesias es ilegal y no vinculante. De más importancia, cubrirse la cara es contra nuestras creencias cristianas ortodoxas.  

Imagine que usted va a dar una fiesta muy elegante para el Día de Acción de Gracias y va a invitar a todos sus parientes y amigos. Todos van a comer la mejor comida usando su platería y porcelana más cara. Sin embargo, un invitado trajo su propio plato, utensilios y servilleta por el temor que los de usted no estén limpios. La demostración de duda enfrente de los otros invitados seguramente le ofende y le da vergüenza y probablemente no invitaría a esa persona a su casa otra vez. 

Cuando venimos a la iglesia para asistir la Liturgía Divina, venimos a la Casa de Dios para participar en la Cena del Señor que Él nos provee en Su generosidad cada vez. Y la palabra griega —Eucharist— literalmente significa —agradecimiento—. Una vez que cruzamos el umbral de la iglesia, salimos del mundo del profano y entramos en otra realidad - al mundo de santidad. Una vez que oímos las palabras —Bienaventurado es el Reino del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo...— ya no estamos en Omaha, Chicago, ni Nueva York, sino estamos en Jerusalén Celestial - en la presencia del Dios Viviente, a la Cena de Su Hijo y en la Comunión del Espíritu Santo. Nuestro Dios Bondadoso nos ha invitado al banquete y si venimos a Su Cena con miedo que Él nos contagie con cualquier tipo de enfermedad, y lo mostramos por llevar una mascarilla (como hacen ladrones), le ofenderemos a Él enfrente de todos, como aquel invitado microbio-fóbico que le ofendió a usted enfrente de sus parientes y amigos durante su fiesta del Día de Acción de Gracias. 

Cuando venimos a la iglesia, tenemos que pararnos ante Dios cara a cara, como —Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara—(Éxodo 33:11). Después de hablar con Dios, su cara empezó a brillar, y no era fácil para la gente mirar su resplandor. Por eso Moisés llevaba un velo sobre su cara cuando hablaba con la gente. —Y cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, quitábase el velo hasta que salía—Éxodo 34:34).

Esta frase —cara a cara— se usa con frecuencia en las Santas Escrituras y siempre significa franqueza, confianza y aceptación. Aun hoy cuando hablamos de una junta importante y decisiva, decimos: —Nos encontraremos cara a cara.— 

Al contrario, en las Escrituras, esconder su cara siempre significa vergüenza, desconfianza, posición no favorable, división o separación. Por eso el Profeta David (en los Salmos) le grita a Dios que no esconda Su cara de él: 

—No escondas tu rostro de mí, No apartes con ira á tu siervo: Mi ayuda has sido; No me dejes y no me desampares, Dios de mi salud.— (Salmos 27:9) 

—JEHOVA, oye mi oración, Y venga mi clamor á ti. No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia Inclina á mí tu oído; El día que te invocare, apresúrate á responderme.— (Salmos 102:1-2).

Cuando el profeta Isaías exhorta a los israelitas por su maldad, él dice, —Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oir.— (Isaías 59:2). 

El énfasis en un rostro en las Escrituras siempre es un énfasis en ser una persona. Nuestro rostro es la característica más importante de una persona - de quiénes somos. Somos reconocidos por nuestro rostro ante Dios y ante la gente. Somos creados en el imagen de Dios y ese imagen tiene que seguir sin alteración para que seamos quienes somos. Cuando cubrimos la cara, somos sólo uno entre muchos, uno de la multitud (del rebaño sumiso) y perdemos nuestra individualidad que está muy en contra del imagen de Dios en el cual fuimos creados. 

Llevar mascarilla afecta considerablemente nuestra habilidad de comunicar con otras personas. Psicología dice que nuestras palabras representan sólo 7% del mensaje total un nuestras comunicaciones cara a cara; tono de voz representa 33%, mientras expresiones faciales y lenguaje corporal representan 55%.

En estos días por uso excesivo de —teléfonos inteligentes— estamos ya robados de relaciones de calidad con nuestros seres queridos y ahora sin apretónes de manos, sin tocar el uno al otro, y con mascarillas (que apropiadamente tiene el nombre siniestro de —distancia social—) nos vamos a convertir en zombis ambulantes, careciendo de humanidad. Inevitablemente tendrá consecuencias severamente negativas para nuestra salud mental y no ayudará a restaurar uniones en nuestra sociedad dividida. 

El autor Charles Burris está en lo correcto con su observación que la gente que sucumben a esta religión nueva de COVID ve una amenanza en otras personas - especialmente los que se ven de buena salud (asintomáticos), elude a otros, y ve a los que rechazan ser deshumanizados por llevar una burka de estilo oeste en sus caras como herejes peligrosos que tienen que ser quitados de la sociedad o —quemados atados a un poste—. 

COVID-19 y su omnipresencia ha, de muchas maneras, reemplazado a Dios y ha cambiado nuestra sociedad a ser una Sharia seglar. La conexión entre el Islam y las ordenanzas seglares de mascarillas ha sido explicada así: 

—Hace 2300 años, mucho antes del Islam, los árabes descubrieron que forzar a personas a cubrirse sus bocas y narices quiebra sus voluntades y su individualidad y las despersonaliza. Las hace sumisos. Eso es por qué impusieron el uso obligatorio de tela que cubre la cara a cada mujer. Después el Islam lo convirtió en el símbolo de la sumisión de mujeres a Allah, el Dueño del harén, y el Rey. La psicología moderna lo explica: sin cara no se existe como ser independiente. La mascarilla es el comienzo del fin de individualidad. Él que no sabe su historia es condenado repetirla.—

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de celebrar la Transfiguración de nuestro Señor que nos enseña que un hombre puede ser el comulgante y destinario de las energías Divinas y no creadas. Un sacerdote es un hombre débil, propenso a caídas y fracasos como cualquier otro ser humano. Sin embargo, el sacerdote, durante la Liturgía Divina, o cualquier otro rito sacramental, es vestido en la gracia del sacerdocio y él llega a ser el comulgante de energías Divinas no creadas y las transmite por el sacerdocio, no por su propio santidad. San Vladika Nicholai dice, —electricidad se transmite aun por el cable oxidado.—

Por supuesto, si el sacerdote lleva una vida santa, él tiene el doble de gracia. Sin embargo, cuando le besamos la mano a un sacerdote, nosotros llegamos a ser comulgados de las energías Divinas no creadas y recibimos gracia Divina por la medida de nuestra piedad y fe. San Paisius el Athonite decía que el sacerdote que sirve la Liturgía Divina —no tiene sus propios manos.— Así, si creemos que el sacerdote nos puede contagiar con una enfermedad, entonces negamos la gracia del sacerdocio y negamos la gracia Divina que está en él.  

Cuando negamos las energías Divinas no creadas por nuestras acciones de duda (llevar mascarilla en la iglesia), negamos a Dios y creamos otro - un dios falso. Lo mismo aplica acerca del templo de Dios (la iglesia). Si dudamos que haya gracia Divina en la iglesia, entonces la reducimos a un simple auditorio o centro cívico. 

Todo esto nos lleva a una pregunta final -¿Creemos en Dios? Si la respuesta es sí, ¿Cual tipo de Dios es Él? ¿Es Él un Dios creado por nuestras mentes a quien damos tanto poder que determinamos en nuestras mentes? Probablemente aun no nos damos cuenta de que por nuestro malentendido del problema (sin darse cuenta) blasfemamos contra el Espíritu Santo. Estamos contagiados por pensamientos heréticos mientras confesamos formalmente nuestra Ortodoxia. Blasfemamos contra el Espíritu Santo, y tengo miedo de que si seguimos así, no lo nos será perdonado según las palabras de Cristo: —Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.— (Marcos 3:29).

Cuando tenemos miedo al reverenciar los íconos santos, venerar la mano del sacerdote, o peor de todos - recibir la Santa Comunión por la misma cucharra, negamos el poder santificante de la gracia del Espíritu Santo que nos salva. Creemos que el Espíritu Santo puede, de alguna manera, transmitirnos algo malo o sucio, que es la peor blasfemia. 

Nuestro Señor Cristo Jesús nos tranquilizó que Nuestro Padre Celestial tiene todo bajo Su control y que nada nos puede pasar sin Su voluntad o conocimiento: 

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre. 

 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 

 Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.— 

 (Mateo 10:29-31). 

Casi cada letanía en la Iglesia Ortodoxa se termina con la súplica: —Ayúdanos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y guárdanos, O Dios, por Su gracia.— Si todavía tenemos miedo de ser contagiados en la iglesia después de haber dicho eso, entonces lo negamos descaradamente. Siempre me preguntaba, ¿por qué dijo nuestro Salvador esas palabras: —Pero cuando viene el Hijo, hallará fe en la tierra?— (Lucas 18:8). Pero ahora veo que no es nada de exageración. Millones de cristianos se han rendidos al —normal nuevo— sin ninguna pelea y demuestran su desolación espiritual y su lealtad a la religión nueva COVID por su conducta. 

Muy tristemente, muchos de nuestros pastores espirituales - los obispos, han mirado despreocupadamente mientras nuestras libertades religiosas nos están quitadas sin decir ni una palabra, mientras algunos siguen ciegamente las ordenanzas inconstitucionales de las autoridades del Estado y cerraron iglesias a creyentes, así fingiendo que ir a la iglesia y participar en los Sacramentos Santos sea —no esencial—. ¡Vergüenza! No se escaparán la cólera justificada de Dios. 

Las enseñanzas de la Iglesia son muy claras. No debemos —dejar nuestra congregación— (Heb. 10:25). Canon ortodoxo (ley de la Iglesia) dice que no podemos faltar a más que tres Liturgías de domingo sin una buena razón (como estar muy enfermo), y yo como sacerdote soy obligado servir la Liturgía regularmente y proveer los sacracmentos a los fieles que están en buena posición con la fe. 

Sé que muchas parroquias ortodoxas aquí y en el extranjero hicieron reverencia a las medidas de salud (relacionadas con COVID-19) y a las cuarentenas de las autoridades civiles, pero unas no lo hicieron. Durante COVID-19, algunas parroquias se cerraron completamente, algunas sólo hicieron servicios virtuales o hicieron obligatorias las mascarillas, distancia social, guantes, prohibieron la veneración de íconos, cruces y otras cosas. Los que así hicieron, obedecieron las leyes de hombres incorrectamente cuando entraron en conflicto con la ley de Dios (Acts 4:19; Acts 5:29). Aun peor son las parroquias que impusieron estas medidas en exceso de las medidas de las autoriadaes civiles. Durante la historia de 2000 años de la Iglesia Ortodoxa hemos visto nuestra adoración restringuda o prohibida por las autoridades civiles, pero nunca lo hemos hecho a nosotros mismos aun durante tiempos de peste. 

—Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. 

Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. —(Mateo 10: 32-33) 

En mi opinión, por asistir fielmente a la iglesia y no someterse a mascarillas ni otras medidas de salud relacionadas con COVID-19, estamos confesando a Cristo. Pero por no ir a la iglesia sin buena razón y por llevar mascarillas en la iglesia estamos negándole soberanía a Dios. 

San Pablo advierte que en los últimos días habrán los que —tienen apariencia de piedad, mas han negado la eficacia de ella—(2 Tim. 3:5), y dan más prioridad a —los argumentos de la falsamente llamada ciencia— (1 Tim. 6:20) que a Cristo. Mientras Cristo nos advirtió que no debemos arriesgarnos innecesariamente por tentar a Dios innecesariamente (Mat. 4:7), asistir fielmente a la iglesia sin llevar mascarillas no es tentar a Dios (como hacer una carrera en una calle de mucho tráfico). Sino es atestiguar a la Providencia de Dios por seguir Sus preceptos y dejar nuestros destinos individuales en Sus manos cariñosas. Entonces miraremos para adelante con confianza hacia el día en que nuestro Señor nos diga —Bien, buen siervo y fiel— Mat. 25:23.

Confesemos por nuestras acciones lo que confesamos con la boca y creamos que la Gracia Divina existe en nuestras iglesias, en nuestros íconos y en nuestros sacerdotes. Nuestra participación en esa gracia depende de nuestra fe. Cuánto creemos es cuánto recibimos. Sin embargo, la existencia de tal gracia no depende de nuestra fe. Dios —Quien es, Quien será, y Quien vendrá— existirá aun si no creemos en Él. Vayamos a encontrarnos con Él CARA A CARA cada vez que vamos a la iglesia. 

Sinceramente suyo en Cristo, 

Muy Rev. Fr. Saša Petrović

Iglesia ortodoxa serbia de San Nicholas 

Omaha, Nebraska Estados Unidos

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