Como el diablo usa visiones para engañar a Cristianos

Hay muchos casos en la historia cuando el diablo se aparecía a los ascetas santos disfrazado como un ángel radiante, causando que muchos mostraron su inmadurez espiritual y que se cayeron en autoengaño. Es sólo por la misericordia de Dios que sus almas fueron salvadas después... 

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Con frecuencia leemos las vidas de los santos o historias de vidas en las que la Madre de Dios, Ángeles o santos aparecen a personas por visiones. Estas apariciones son muy impresionantes y unas personas podrían desear secretamente experimentar algo semejante. Sin embargo, tal fenómeno puede ser lleno de mucho peligro. 

Hay muchos casos en historia cuando el diablo aparecía a los ascetas santos disfrazado como un ángel radiante, causando que muchos mostraron su inmadurez espiritual y que se cayeron en autoengaño. Es sólo por la misericordia de Dios que sus almas fueron salvadas después. 

Isaac el Venerable de las cuevas

Isaac el venerable era uno de los primeros monjes en la Lavra de Kiev-Pechersk Lavra (en el siglo 11). Cuando se convirtió en monje, deseaba vivir una vida edificante, y se cerró en una cueva apretada, comiendo un prosphora cada dos días, orando constantemente y sólo descansando por un corto sueño mientras estaba sentado. 

Después de haber pasado 7 años así, el asceta se sentó una noche para descansar después de oraciones. De repente su celda fue iluminada por una luz brillante y muchos demonios se aparecieron a él disfrazados como jóvenes bellos y radiantes. Los ángeles falsos señalaron a uno de ellos que era especialmente brillante. —¡Isaac! ¡Aquí está Cristo! Arrodíllate ante Él y adóraLo.—

No reconociendo la trampa del diablo y olvidándose de hacerse la señal de la cruz, el ermitaño adoró al Cristo imaginario. Los demonios gritaron de inmediato, —¡Isaac, eres nuestro ahora!— Un ruido ocurrió en la cueva, música empezó a oírse y los demonios, agarrando a Isaac, empezaron a bailar con él, cansando al asceta desafortunado hasta casi el punto de la muerte. Después de eso, se desaparecieron. 

El próximo día, Isaac fue descubierto por San Anthony, quien le trajo prosphora y bebida. —De verdad, lo que le pasó a él es un asunto demoníaco,— dijo el mayor a los hermanos, y los monjes llevaron al ermitaño al monasterio. Le cuidaron con oraciones durante dos años. Isaac gradualmente entraba en razón y finalmente fue curado. Él pasó muchos años viviendo con los hermanos y llevando a cabo obediencias difíciles. Los demonios lo atacaron más que una vez, pero por los años él aprendía resistir sus intrigas. El santo se retiró a vivir recluido por la segunda vez y se murió siendo un anacoreta.  

San Nicetas de Novgorod 

San Nicetas también vivía en el Monasterio de las Cuevas en el siglo 11. Él todavía era un novicio joven y sin mucha experiencia espiritual, pero ya estaba luchando para ascetismo severo. No escuchando las advertencias de San Nikon, el abad del monasterio, Nicetas fue casi de inmediato a vivir recluido. 

Pronto, lo siguiente le pasó: su cueva de repente se llenó de una fragracia, y una voz misteriosa se oyó. Nicetas lo consideraba una revelación divina y exclamó, —¡O Señor, aparece ante mí en una manera tangible para que Te pueda ver!— Pero la voz contestó, —Yo te envio un ángel. Haz todo lo que te dice.— Entonces un demonio se apareció disfrazado como un ángel de Dios. El novicio ingenuo se atrapó en la trampa y se arrodilló ante el demonio de inmediato. Ordenado por el demonio, Nicetas dejó de orar y leía sólo el Antiguo Testamento. Entonces el —ángel—, quien ahora estaba con él incesantemente, empezó a revelar a él lo que estaba pasando en el mundo. Gente empezó a acudir al novicio como a un clarividente. 

Notando que Nicetas evitaba hablar del Nuevo Testamento, los mayores de las cuevas se dieron cuenta de que estaba en autoengaño. Los monjes entraron en la cueva del ermitaño, expulsaron a los demonios con oraciones y devolvieron a Nicetas al monasterio. El santo rescatado volvió a un estado de niño, olvidando el Antiguo Testamento completamente y tuvo que aprender a leer de nuevo. Cuando su mente volvió a su estado normal, Nicetas se arrepentió con lágrimas de su error y regresó al sendero justificado hacia Dios, viviendo como un ejemplo de obediencia y humildad. 

Cyril el Venerable Phileot

Cyril el Venerable vivía en el siglo 11 cerca de Deris, una ciudad en Thrace antigua (Grecia). A la edad de treinta años, él decidió hacer grandes hazañas ascéticas por Dios Todopoderoso y luego se convirtió en un monje en el monasterio de Cristo el Salvador cerca de su pueblo natal. 

San Cyril tenía 93 años y estaba en su lecho de muerte en una celda apartada cuando el diablo pensó en una manera de derrotarlo. Él mostró al santo una visión en la que el sobrino del rey, John Augustus, quien muchas veces visitaba al mayor, se hizo un pabellón rico en su monasterio. Entonces el demonio disfrazado como Augustus entró en la celda de San Cyril y le habló con palabras que oscurecían la mente del santo. Finalmente el demonio dijo, —Sabes que reverencia te tengo. Así quiero que se celebre una Liturgia en tu celda y recibirás Comunión Santa.— No sabiendo lo que estaba diciendo, el mayor contestó, —Aquí está mi celda. Haz lo que te guste.— 

En aquel momento un altar con una mesa de altar apareció en la celda del monje junto con un cáliz y velos. Sacerdotes imaginarios empezaron a celebrar la Liturgia, sin una palabra clara menos —amén—. Pronto empezaron la Comunión, en la que participó Augustus con su comitiva. El santo se preguntó si él debe unirse a ellos. Pensándose indigno, él razonó que si era la voluntad de Dios, Augustus lo llamaría. El Señor rescató al santo de la —comunión— del enemigo que lo enloquecería totalmente. Finalmente, terminó la Liturgia malvada y el Augustus falso se desapareció en su pabellón. 

Cansadísimo por su visión, San Cyril pronto fue descubierto por sus discípulos y lo volvieron a razón con dificultad. Entonces el santo se arrepentió con lágrimas y recibió Comunión Santa de los Misterios Santos verdaderos de Cristo. Después de un tiempo, el demonio otra vez le vino disfrazado com Augustus pero no más lo podía tentar. 

Tales historias muestran claramente que Cristianos están entablados en guerra terrible e invisible y que el diablo es muy hábil con sus artimañas. ¿Cómo nos protegemos de la tentación de visiones? Los Padres Santos nos enseñan pensarnos indignos de ellas. Paisios el Venerable del Monte Santo dijo sabiamente una vez, 

—Aun si la visión es de Dios, no la debemos aceptar la primera vez. Viendo Su creación (el hombre), no aceptando la visión, Dios, en un cierto sentido, llega a un estado de ternura. Después de todo, tal actitud hacia visiones muestra que una persona tiene humildad.— 

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